La Unión en una economía intervenida: el triunfo de la independencia (1936-1959)

 

Probablemente sean dos de los rasgos más relevantes de la historia de la Unión en los años de la guerra y posguerra civil. Por una parte, el protagonismo  en la economía del sector que se vio obligada a adoptar ya desde el estallido de la guerra civil, un protagonismo que muy probablemente no entraba en los planes de ninguno de sus directivos. Por la otra, su difícil encuadre en el engranaje de un régimen corporativo e intervencionista que trataba de convertir a la Unión en un elemento más de su estructura.

Durante los años de la guerra, los sublevados utilizaron primero la Unión como interlocutora para el suministro colectivo de conservas forzándola a ejercer una función centralizadora de los envíos. Igualmente los organismos económicos del nuevo régimen, que intervenían tanto en las importaciones como la producción interior de hojalata y otras materias auxiliares, fueron poco a poco encargando a la Unión de los  repartos de las partidas de que se disponía para su entrega al sector y que ellos eran incapaces de distribuir. La Unión se vio forzada así a establecer criterios de reparto y toda una logística de distribución convirtiéndose en especie de de central de compras y ventas. Como indicaba ya en 1939 un destacado fabricante refiriéndose a estos cambio  de funciones: “Fue desvaneciéndose desde hace tres años su carácter meramente patronal y acentuándose en su actividades una orientación típicamente corporativista (…); la antigua corporación gremial ajena a las sugestiones comerciales se convirtieron en distribuidora de materias primas a los fabricantes de toda Galicia, en ordenadora de los suministros de conservas a los organismos oficiales, en centro técnico d estudio e información de problemas económicos relacionados con la  industria…”. El establecimiento del sistema de cupos  la intervención de los cambios ya desde la inmediata posguerra por el instituto Español de Moneda Extranjera afianzó el papel de intermediación entre los organismos económicos del estado  y los fabricantes que la Unión había comenzado a adquirir ya durante la guerra, un papel que el corporativismo del nuevo régimen fue reforzando progresivamente.

Francisco Fernández Cervera. Preside (1944-1944)

El segundo rasgo al que nos referíamos era el del difícil encaje de la Unión en un régimen que tendía a integrar en el sindicato vertical, en virtud de la Ley de Unidad Sindical de 1940, a todas las asociaciones no prohibidas procedentes de la época anterior. La Unión, que estaba legalmente acogida al régimen de asociación profesional de la ley de Asociaciones de 8/4/1932 y que desde el primer momento optó por tratar de mantener su personalidad y estructura propia, tuvo que sortear diversos intentos de integración en la Central Nacional Sindicalista CNS que llegaron incluso a hacerse efectivos durante un breve periodo, entre enero y agosto de 1941, cuando el Delegado Sindical Provincial la impuso por decreto. Finalmente, y tras diversos gestiones, La Unión consiguió la revocación del decreto, quedando como simplemente “incorporada” a la Organización Sindical, una situación ambigua que le permitía mantener su independencia y capacidad de autoorganización e incluso sus Estatutos , al margen del grupo de Conservas que se creó dentro del Sindicato de la Pesca.

La Unión se financiará durante la guerra con un gravamen sobre las ventas colectivas a la intendencia y con un canon sobre la hojalata decorada utilizada por cada fabricante, lo que le permite mantener una buena situación económica y plantearse ya en 1938 la adquisición de un local propio. El canon de la hojalata seguirá en vigor hasta 1958 en que los suministros de esta materia prima dejan de hacerse exclusivamente a través de la Unión.

Durante este periodo la mayor  parte de la actividad de la Unión se relaciona con las indicadas tareas de intermediación, que en parte sustituyen a algunas de las que se ejercían anteriormente y que perdían vigencia en el marco del régimen político y económico vigente durante aquellos años. Es el caso por ejemplo de la negociación de las condiciones del  trabajo, que ahora, con los sindicatos de clase prohibidos, se imponen por decreto. O es el caso también de las funciones de información sobre los mercados y precios internacionales a la que tantos esfuerzos había dedicado la Unión antes de la Guerra y que ahora con un comercio exterior completamente intervenido perdía relevancia. En todo caso, debe destacarse que la Unión de Fabricantes de Conservas se mantuvo incluso durante años cuarenta como una de las pocas instituciones que no se perdió su apertura al exterior y que, muy pronto, ya a comienzos de los cincuenta, redobló los esfuerzos por favorecer las exportaciones.

La Unión sigue desarrollando toda una gama de iniciativas en servicio de los asociados, entre las que destacan durante estos años el mantenimiento de la revista Industria Conservera, las gestiones con diversos organismos y autoridades científicas, o las realizadas a favor de lo que hoy llamaríamos pesca responsable con ocasión de la crisis sardinera de la que ya hemos hablado. Tres actuaciones merecen en todo caso ser destacadas por su novedad. LA primera es la creación en 1949 del Departamento Técnico y de Investigación, dirigido por Francisco López Capont, y en el que pronto se integrarían Gerardo Cobas y Francisco Bordallo. EL laboratorio no se limitó a desarrollar labores puramente analíticas sino que impulsó también numerosos actividades, entre ellas el establecimiento de una planta piloto de fabricación de conservas y la realización de cursos y reducción de costes.

La segunda fue el papel destacado que la Unión desarrolló en los programas de difusión de la organización científica del trabajo en Galicia, un  paradigma organizativo que las norteamericanas Misiones de la Productividad y la Comisión Nacional de la Productividad Industrial estaban a comienzos de los cincuenta tratando de implantar en España. La principal plasmación en Galicia de estos programas fue la creación en Vigo en 1957 del Centro Gallego de Productividad, cuyo presidente fue precisamente Antonio Alfageme y en el que actuaba como Secretario General el abogado Andrés Barros, que se incorporará poco más tarde a la Unión. El Centro llegó a editar una revista sobre el tema. Rendimiento, y llevó a efecto cursos y estudios para la mejora de la productividad, de los que el más completo fue precisamente el de la industria conservera. La Unión fue de esta forma pionera en la difusión en Galicia de los modernos paradigmas de organización empresarial