La primera Expansión de la Unión de Fabricantes de Conservas

 

Durante los tres primeros años de la UFC se incorporan a ella la práctica totalidad de los fabricantes de la Ría de Vigo, al tiempo que se mantiene una intensa actividad corporativa centrada fundamentalmente en tres cuestiones: el relanzamiento de la campaña por las admisiones temporales, la defensa de los asociados en los conflictos relacionados con salarios y condiciones de trabajo en las fábricas y la regularización y formalización de las condiciones de venta del pescado en la Ribeira viguesa. Esta última cuestión que dio lugar a huelgas de traineros y cierres patronales, provocó la intervención mediadora del Ayuntamiento de Vigo, que forzó un acuerdo que abrió paso a la creación de la Lonja en el año 1905, en cuya gestación tuvo la Unión un papel muy importante.

Tras el periodo inicial de expansión  de 1904-6 la Unión mantiene durante los años siguientes una actividad muy desigual, en función de la coyuntura del sector, de las necesidades de apoyo  de los fabricantes y de la capacidad de la propia Unión para aglutinar a los asociados en reivindicaciones concretas. Tras unos años de atonía, la promulgación  de la Real Orden de 1909 que venía a incluir la hojalata en la Ley de Admisiones Temporales desata una euforia que se traduce en la multiplicación del número de reuniones y un notable aumento de la afiliación que se extiende además a las otras rías. Poco más tarde la crisis sardinera provoca la baja de las tres cuartas partes de los asociados. La Unión no dispone ni siquiera de un local propio y los servicios que presta son muy limitados; la compra colectiva para los asociados en el Berbés que se establece en 1913 es uno de los primeros.

Como para el conjunto del sector que representa, la primera gran guerra es para la Unión un importante factor de impulso. Durante la contienda cobra un importante protagonismo con sus gestiones destinadas a maximizar  la parte correspondiente al sector en las partidas de hojalata que se importan mediante acuerdos de estado, así como en su posterior reparto, lo que constituirá su primera experiencia en la distribución de cupos  de materias primas. Será durante la guerra cuando gracias a los recursos  obtenidos en estas operaciones consigue por primera vez disponer de local propio con oficinas permanentes. Resultado de esta euforia acercan a la Unión nuevos fabricantes, muchos de ellos de rías distintas de la de Vigo. Esta ampliación territorial tendrá su plasmación formal ya en 1918 con la conversión de la antigua entidad en la nueva Unión de Fabricantes de Conserva de Galicia, que estaría llamada a jugar un papel protagonista en la negociación de los conflictos sindicales de los años de la posguerra.

Durante los años veinte son dos los elementos que determinan la evolución de la Unión: Por una parte, la inestabilidad internacional que plantea progresivas dificultades  a un sector como la conserva volcado a ese mercado y que obliga a buscar la cooperación para mantener posiciones en el. Por la otra la progresiva corporativización de la economía española que se produce durante la dictadura de primo de Rivera.

En el primero de estos sentidos la Unión emprende una activa política de captación de información sobre precios, mercados, cambios en la legislación de comercio exterior y sanitaria de los países clientes, y en general todo lo relevante para facilitar la exportación a sus asociados. Lo hará a través de los agentes consulares, del centro de Información Comercial del Ministerio de Estado y de la suscripción a revistas internacionales del sector y lo comenzará a transmitir a los asociados en un boletín que se empieza a imprimir a partir de 1922. Esta política informativa se complementará con otras gestiones destinadas a remover obstáculos y a promover proyectos en beneficio del sector. En el segundo de los sentidos, La Unión adopta una posición muy activa tratando de incorporarse a los nuevos organismos de regulación económica que se crean durante estos años como la Junta del Comercio Español de Ultramar, la Junta Pesquera y Conservera o incluso el Consejo  de Economía Nacional en el que obtendrá representación propia.

La Unión es sin duda la más importante pero no la única asociación empresarial presente en el mundo de las conservas españolas. A comienzos de los treinta, existen también la Unión de Fabricantes de Conservas y Salazones del Norte de Galicia, con sede en Celeiro. La Unión de Asturiana de Fabricantes de Conservas, con sede en Oviedo, la Federación de Fabricantes de Conservas del litoral Cantábrico, con sede en Santoña, y el Sindicato de Fabricantes de Conservas del Sur de España , con sede en Huelva. A finales de la década de 1920 la Unión negocia un acuerdo para la formación de una Federación Española, que finalmente quedaría abortado por la controversia sobre el carácter obligatorio o no de la sindicación.

Durante los años de  la República la Unión reforzó la línea desarrollada en la época anterior, pero además se vio obligada a volcarse mucho más en dos tipos de problemas que tuvieron una importancia relevante en esta época. Por una parte, en la negociación de cuestiones laborales debido a al aumento de la actividad sindical en las fábricas, una negociación que se saldó en la mayor parte de los casos con importantes acuerdos que evitaron costosas acciones de fuerza. Por otra, en los conflictos de clase dentro del sector pesquero y, sobre todo, en los ocasionados por el derrumbe de los precios en Lonja a causa de la abundancia de pesca durante los años republicanos. En estos últimos los vendedores trataron de forzar acuerdos sobre precios mínimo s que dieron lugar a amarres de la flota y no pocos disturbios que culminaron con un convenio en Junio de 1936 en cuya gestación participó la Unión, un convenio que paradójicamente, aunque logrado antes de la sublevación militar, se llevo a efecto una vez que esta triunfó.

Finalmente, este aumento de la actividad en el ámbito representativo y negociador no impidió a la Unión lanzar dos nuevos servicios de enorme importancia posterior. El uno fue el de la asesoría técnica a las empresas para cuestiones relacionadas con salubridad y toxicidad para lo que la Unión financió una parte de alquiler del local del laboratorio Costero instalado en Vigo. El otro fue la creación en el año 1934, en sustitución del boletín que ya se venía editando, de la revista Industria Conservera, que comenzaría editando Manuel Fuentes Jorge y que pasaría a ser una de las referencias internacionales entre las publicaciones del sector.