Los empresarios y la acción colectiva: del Sindicato a la Unión de Fabricantes de Conservas.

 

El fuerte crecimiento de la industria conservera planteaba y a finales de los años ochenta la cuestión de las relaciones competencia/cooperación entre empresas. Como en cualquier otro sector industrial, las primeras iniciativas de cooperación tuvieron un carácter restringido e informal y se refirieron a la logística de producto y materias primas o las cuestiones laborales. Entre estas últimas los acuerdos más comunes fueron en la industria conservera gallega los destinados a evitar la competencia por los trabajadores más cualificados, en este caso los soldadores, o a impedir la admisión de operarios que abandonasen las fábricas.

Juan Bautista Cerqueira    ( Miembro fundador de la Unión de Fabricantes de Vigo)

El primer ejemplo, en todo caso, de acción propiamente colectiva por parte de los conserveros gallegos fue la campaña a favor de la inclusión de la hojalata, el estaño y el aceite de oliva en la Ley de Admisiones Temporales de 1888. Para que los elevados aranceles que gravaban la importación de estas materias utilizadas en la fabricación de conservas no repercutieran en el precio del producto destinado a la exportación  lastrando su competitividad internacional ya se venía aplicando en Francia y Portugal el sistema de las admisiones temporales, un sistema por el que se eximia del pago del arancel a las materias primas que se reexportaban transformadas o incorporadas a otro productos. Pero la ley española de admisiones temporales que se promulgó en 1888 fue una ley genérica que dejaba la inclusión de cada producto concreto sometida a un largo trámite en el que debían ser escuchados todos los posibles interesados. Fue la necesidad de contrarrestar las presiones de los intereses corporativos de los ferreteros vascos y los olivareros andaluces, contrarios  a que la hojalata y aceite contaron con las ventajas de la admisión temporal, lo que movió por primera vez a los “fabricantes de la ría de Vigo”, a personarse colectivamente en el procedimiento conducente  a la consecución de la admisión temporal de aquellos productos, así como a recabar el apoyo de los fabricantes de las otras rías y de diversos sectores sociales en la que sería su primera gran iniciativa colectiva.

Aunque el combate por las admisiones temporales no pudo en los años noventa con las presiones de vascos y andaluces, y se prolongó hasta que en 1909 se incluyó por fin la hojalata en el grupo de productos admitidos en ellas, fueron otros dos problemas que dieron lugar a la primera asociación formalizada entre los empresarios del sector: la organización del trabajo en las fabricas y la necesidad de evitar una competencia suicida en periodos recesivos. En este sentido, el origen de la primera asociación empresarial del sector se inserta en lo que venían siendo desde treinta años antes las tendencias en la industria en EEUU o Alemania, donde tras la crisis industrial de 1873 los acuerdos  interempresariales  sobre estos temas estaban a la orden del día.

La proliferación de empresas conserveras en el litoral cantábrico y atlántico peninsular, junto  con el debilitamiento del mercado por la recuperación de las conserverías francesas y los problemas comerciales ocasionados por el conflicto de Cuba,  habían conducido hacia 1897-1898 a una auténtica guerra de precios entre las empresas del sector en los mercados francés, cubano y argentino. La necesidad de terminar con aquella situación indujo a comienzos de 1899 a algunos empresarios vigueses a promover la creación de una coalición de fabricantes que estableciera precios mínimos de venta para cada tipo de producto en aquellos mercados. A este efecto comienzan por elaborar un convenio escrito para presentar a todas las empresas gallegas relativo a las conservas de sardina en aceite y tomate y por nombrar una Comisión Permanente encargada de conseguir la adhesión y vigilar el cumplimento de los acuerdos.

Una vez conseguida la firma del convenio por parte de la práctica totalidad de las empresas conserveras gallegas los asociados llegan al convencimiento de que de nada servía el sindicato de Fabricantes, que así se empieza a denominar a la coalición, si no entraban en el las conserveras portuguesas u las del litoral cantábrico, que elaboraba un producto semejante, por lo que la Comisión Permanente pasará a dirigir sus esfuerzos a integrar a aquellos en la coalición, lo que conseguiría en julio de 1899.

Las posibilidades de mantenimiento de un acuerdo de precios como el sindicato de Fabricantes de Conservas del año 1899 deberían ser, según la teoría económica al uso, tanto mayores cuanto menos empresas existieran en el sector, cuantos más homogéneos fuera el producto y la estructura de costes de las empresas y finalmente cuanto más estacionaria fuera la situación de los mercados. No resulta así difícil de entender que un sector numeroso y heterogéneo como era el conservero de aquella época los acuerdos resultaran muy poco estables, especialmente a partir del momento en que la situación de los mercados empezó a mejorar. Las continuas denuncias de incumplimiento por parte de algunos fabricantes, especialmente del Cantábrico, impulsaron a la Comisión a convocar una gran reunión de representantes de todas las empresas conserveras de España y Portugal y Vigo en noviembre del mismo año con el objeto  de establecer  y aprobar procedimientos  de supervisión del cumplimiento de los acuerdos así como medidas de presión para forzarlo. A pesar de los nuevos acuerdos y de los esfuerzos de la Comisión las denuncias proliferaron en los meses siguientes, de forma que cuando en Julio de 1900 se cumplió el año estipulado en las escritura de formación del Sindicato, algunos de los mayores fabricantes se niegan ya a prorrogar el acuerdo, ocasionando el final de esta primera experiencia asociativa.

Aunque desde una perspectiva más general, la principal tarea del Sindicato de Fabricantes fue su iniciativa frente la guerra de precios, su núcleo fundador, lo que es decir el de los fabricantes de conservas de de Vigo, también desarrollo funciones de tipo clásicamente patronal, entre los que se debe destacar la elaboración del Reglamento interior para las fábricas de  conserva de Vigo del año 1899 y la negociación colectiva durante algunos de los primeros conflictos que en aquellos años atravesó el sector.

A pesar del fracaso de la primera campaña por las admisiones temporales y de la breve duración del Sindicato de Fabricantes, estas primeras experiencias demostraron las ventajas que para un sector atomizado como era el conservero presentaba la acción colectiva frente a otros agentes sociales que, o bien tenían por un tamaño una influencia individual superior, como era el caso de las dos empresas hojalateras vascas, o bien disponían ya de mecanismos de acción colectiva como era el caso por ejemplo de los marineros delas traíñas o los propios trabajadores de las fábricas que empezaban a contar ya con organizaciones de clase.

Estas fue probablemente la idea que condujo a un grupo de empresarios compuesto por Daniel Rodríguez Valdés, Francisco Feu, Julián Tizón, Jose Dotras, Jacinto Bofill, Juan Bautista Cerqueira, Severo Lueiro y Manuel


 
Manuel Pita. Primer Presidente de la Unión de Fabricantes de la Ría de Vigo

Pita, todos ellos con fábricas en la ría de Vigo a decidir en una reunión celebrada el 28 de Febrero de 1904 “constituir una asociación para la defensa de los intereses que a todos son comunes y que se denominará Unión de Fabricantes de Conservas de la Ría de Vigo”. En la misma reunión acuerdan ya nombrar una Comisión interina formada por Daniel R. VaLdés como Presidente, Manuel Pita como secretario, Julián Tizón, Francisco Feu y Alfonso Aracil, que se encargará de elaborar un reglamento que se someterá a “aprobación en sesión de Junta General a la que serán convocadas todos los fabricantes de conservas de la ría de Vigo que estén conformes con el pensamiento”. El 19 de Abril se reúne la primera Junta General a la que se incorporan ya, Jose Ramón Curbera, Jose Barreras Massó, Eduardo Martinez, Celestino Buet  y Victoriano Fernández Soler, y en la que se discute y aprueba el reglamento que se enviará al gobernador civil. Finalmente en reunión de 6 de mayo a la que se incorporan también Antonio Alonso y Jose Córdoba se considera en vigor el reglamento y se elige el que sería primer presidente de la Unión de Fabricantes, Manuel Pita. L a Unión de Fabricantes de la ría de Vigo se convertía en la primera organización patronal de la historia de Galicia.